Escritos desde la Roca

Historias y vivencias de un geek entre la espada y la roca

Archivo de Junio 2009

Cuando te irriten los grillos (a propósito de…)

Publicado por ellanos en 25 Junio, 2009

Que difícil vivir en negación.

Suele suceder mucho cuando corres en medio de una calle llena de agujeros y la gente viendo desde afuera de tu óptica te dice repetidas veces “hey, cuidado te caes”.  Es el caso más común nuestra respuesta “no vale, yo no me voy a caer, es más, ni me he caído”.  Las cicatrices de las rodillas y brazos no pueden decir lo mismo.

Pero la negación es un defecto mucho más común cuando se trata de los sentimientos que contenemos cuando somos ofendidos.  La rabia y el enojo manifestados sin una tilde de violencia física en ciertos casos (muy propio del temperamento melancólico, por ejemplo), y las personas alrededor te dicen “cálmate, estás enojado”.  Tus respuestas no son acordes con tus acciones.  Sigue pensando que es asi…

Esta historia llamó mi atención.  Vi reflejados muchos aspectos pasados y presentes de mi vida y no dejé pasar por alto compartirla con ustedes.  Me gustaría que tu, que sé lees fielmente este sitio, puedas no solo dejar de esta en negación con respecto a lo que crees que estas haciendo hasta este momento.  Espero no se convierta en una verdadera Carta a García.  El mensaje es para mi y para ti estimado lector.

Cuando Te Irriten Los Grillos.

Perdoname si este capítulo esta desordenado. Al escribir, estoy enojado. Estoy enojado por causa de un grillo. Es ruidoso. Es detestable. Esta escondido, y tendrá grandes dificultades si alguna vez lo encuentro.

Llegué a mi oficina temprano. Dos horas antes de que sonara el despertador estaba aquí. Las mangas arremangadas y la computadora zumbeando. Gánale a los teléfonos, adelantate a la mañana, pensé. Pero, ponle las manos encima a ese grillo es lo que no dejo de murmurar.

Pues bien, nada tengo en contra de la naturaleza. La melodía de las aves me encanta, el placentero zumbido del viento en las hojas me resulta agradable. Pero el crii-crii-crii de un grillo antes del amanecer me fastidia.

De modo que me pongo de rodillas y recorro la oficina guiándome por el sonido. Espío debajo de cajas, quito libros de los estantes. Me tiro de barriga y miro debajo de mi escritorio. Humillante. Me ha saboteado un insecto de dos centímetros y medio.

Que cosa es este insolente irritante que reduce al hombre a la posición de perseguidor de insectos?

Finalmente localizo al culpable.

Rayos! Esta detrás de un estante, fuera de mi alcance. Oculto en un escondite de madera terciada. No lo puedo alcanzar. Lo único que puedo hacer es arrojar bolígrafos a la base del estante, de modo que eso hago. Pop, pop, pop. Uno tras otro. Una andada de bolígrafos. Finalmente se calla.

Pero el silencio dura solo un minuto.

Asi que perdoname si mis sentimientos están fragmentados, pero estoy descargando la artillería párrafo por medio. Esta no es la manera de trabajar. Esta no es forma de comenzar el día. El piso está desordenado, mis pantalones sucios. Mi línea de pensamientos se ha descarrilado. Lo que intento decir es, ¿cómo puede uno escribir acerca del enojo cuando hay un estúpido insecto en su oficina?

Eeepa. Supongo que, después de todo, estoy en el contexto mental adecuado…

Enojo. Esta mañana es fácil de definir: el ruido del alma. El irritante invisible del corazón. El invasor implacable del silencio.

Al igual que el grillo, el enojo irrita.

Al igual que el grillo, el enojo no no puede aplacarse con facilidad.

Al igual que el grillo, el enojo tiene por costumbre ir incrementando en volumen hasta llegar a ser el único sonido que escuchamos. Cuando más fuerte se vuelve, más nos desesperamos.

Cuando nos maltratan, nuestra respuesta animalística es salir a cazar. Instintivamente cerramos nuestros puños. Buscar la venganza es algo muy natural. Lo cual, en parte, es lo que constituye el problema. La venganza es natural, no espiritual. Vengarse es la ley de la selva. Conceder gracia es la ley de reino.

Algunos estarán pensando: Resulta fácil para ti decirlo Max, sentado allí en tu oficina siendo un grillo tu principal causa de irritación. Debieras intentar vivir con mi esposa. O, debieras tratar de sobrellevar mi pasado. O, deberías criar a mis hijos. No sabes como me ha maltratado mi ex. No tienes idea siquiera de lo difícil que ha sido mi vida.

Y tienes razón. No lo sé. Pero tengo una idea muy clara acerca de lo desdichado que será tu futuro si no resuelves tu enojo.

Haz una radiografía del alma del vengativo y contemplarás el tumor de la amargura: negro, amenazante, maligno. Carcinoma del espíritu. Sus fibras fatales silenciosamente van rodeando los bordes del corazón y lo destruyen. El ayer no lo puedes alterar, pero tu reacción ante el ayer si. El pasado no lo puedes cambiar, pero tu respuesta a tu pasado si.

¿Imposible, dices tu? Permiteme que intente demostrarte lo contrario.

Imagínate que vienes de una familia grande…aproximadamente una docena de hijos. Una familia muy mezclada. Todos los niños son del mismo padre, pero tienen cuatro o cinco madres diferentes.

Imagínate también que tu padre es un tramposo y ha sido así por mucho tiempo. Todos lo saben. Todos saben que mediante trampas le quitó a tu tío su parte de la herencia. Todos saben que salió corriendo como cobarde para impedir que lo atrapasen.

Imaginemonos también que tu tío abuelo mediante engaños hizo que tu padre se casara con la hermana de tu madre. Emborrachó a tu padre antes de la boda antes de la boda e hizo que fuera al altar su hija fea en lugar de la hija bella con la cual pensaba tu padre que se casaba.

Sin embargo, eso no frenó a tu padre. Simplemente se casó con las dos. La que amaba no podía tener hijos, asi que se acostó con su mucama. Es más, tenía la costumbre de acostarse con la mayoría de las ayudantes de cocina; como resultado, la mayoría de tus hermanos se parecen a las cocineras.

Por último, la esposa con la que tu padre había deseado casarse en primer lugar queda embarazada…y naces tú.

Eres el hijo preferido…y tus hermanos lo saben. Te dan un carro, a ellos no. Te visten de Armani, a ellos de Don Regalon o Traki. Vas a campamentos durante las vacaciones; ellos trabajan en vacaciones. Tu recibes educación, ellos se enojan.

Y se vengan. Te venden a algún proyecto de servicio en el extranjero, te suben a un avión cuyo destino es Egipto, y le dicen a tu padre que te mató un mal disparo en una manifestación que hubo en la ciudad. Te encuentras rodeado de personas desconocidas, aprendiendo un idioma que no comprendes y viviendo en una cultura que jamás viste.

¿Cuento imaginario? No. Es la historia de José. Un hijo preferido en una familia extraña. Tenía toda la razón de estar enojado.

Intentó sacarle el mejor provecho posible. Se convirtió en el siervo principal de la maxima autoridad del Servicio Secreto. La esposa del jefe trató de seducirlo y cuando se negó, ella protestó y él acabó en la prisión. Faraón se enteró del hecho que José podía interpretar sueños y le dió la oportunidad de tratar de dilucidar algunos de los del mismo Faraón.

Cuando José los interpretó, lo promovieron de la prisión al palacio para ocupar el puesto de Primer Ministro, la segunda posición en importancia en todo Egipto. La única persona ante la cual se inclinaba José era el Rey.

Mientras tanto golpeaba una hambruna y Jacob, el padre de José envía a sus hijos a Egipto para obtener un préstamo del extranjero. Los hermanos no lo sabían, pero estan frente al mismo hermano que vendieron a los gitanos unos veintidós años antes.

No reconocen a José, pero José si los reconoce. Un poco mas calvos y barrigones, pero son los mismos hermanos. Imagina los pensamientos de José. La última vez que vió esos rostros fue desde el fondo de un pozo. La última vez que escuchó estas voces se estaba riendo de él. La última vez que pronunciaron su nombre, lo insultaron de toda manera posible.

Ahora es su oportunidad de vengarse. El tiene el control total. Basta chasquear sus dedos para que estos hermanos estén muertos. Mejor aún, espósenlos y pongan grillos en sus pies y que vean como es un calabozo egipcio. Que aprendan egipcio.

La venganza está al alcance de José. Y hay poder en la venganza. Poder embriagante.

¿Acaso no lo hemos probado? No hemos sentido la tentación de vengarnos? Al entrar a la corte acompañando al ofensor, anunciamos “¡El me lastimó!” Las personas del jurado mueven su cabeza con disgusto. “”¡El me abandonó, me echó de su vida!”, explicamos, y las cámaras hacen eco de nuestra acusación. “¡Cuplable!”, gruñe el juez al golpear su mazo. “¡Cuplable!”, concuerda el jurado. “¡Cuplable!”, proclama el auditorio. Nos deleitamos en ese momento de justicia. Saboreamos ese bistec, puro lomito. Asi que prolongamos el acontecimiento. Relatamos la historia una y otra vez.

Ahora congelemos esa escena. Tengo una pregunta, no para todos sino para algunos. Algunos de ustedes estan ante la corte. La corte de la queja. Algunos sacan a relucir la misma herida en cada oportunidad ante cualquiera que esté dispuesto a escuchar.

La pregunta es para ustedes: ¿Quien los convirtió en Dios? No tengo la intención de ser arrogante, pero, ¿porque hacen lo que le corresponde a El?

Mía es la venganza”, declaró Dios. “Yo daré el pago”. [1] “No digas: Yo pagaré mal por mal; espera en el Señor y El te salvará” [2]

El juicio le corresponde a Dios. El suponer algo distinto equivale a suponer que Dios no lo puede hacer.

La venganza es irreverente. Cuando devolvemos un golpe estamos diciendo “Se que la venganza es tuya Dios, pero lo que ocurre es que pensé que no castigarías lo suficiente. Pensé que sería mejor tomar esta situación en mis propias manos. Tiendes a ser un poco suave.”

José comprende eso. En lugar de buscar la venganza, revela su identidad y hace que su padre y el resto de la familia sea traída a Egipto. Les concede protección y les provee un lugar para vivir. Viven en armonía durante 17 años.

Pero luego muere Jacob y llega el momento de la verdad. Los hermanos sospechan de que ante la desaparición de Jacob serán afortunados si logran salir de Egipto con su cabeza en su lugar. Asi que se acercan a José para pedir misericordia.

Por eso le mandaron a decir: «Antes de morir tu padre, dejó estas instrucciones: “Díganle a José que perdone, por favor, la terrible maldad que sus hermanos cometieron contra él.” Así que, por favor, perdona la maldad de los siervos del Dios de tu padre.»[3] (No puedo evitar sonreír ante la idea de que hombres grandes hablasen de esta manera. ¿No les parece que suenan como niños llorones. “Papá dijo que nos trates bien”?)

¿La respuesta de José? “Y José lloró mientras hablaban..“¿Que más tengo que hacer?” imploran sus lágrimas. “Les he dado un hogar. He provisto para sus familias. ¿Porque siguen desconfiando de mi gracia?

Por favor lean con cuidado las declaraciones que les hace a sus hermanos. Primero pregunta “¿Acaso estoy yo en lugar de Dios?” [5]

¿Me permiten volver a declarar lo obvio? ¡La venganza le pertenece a Dios! Si la venganza es de Dios, no es nuestra. Dios no nos ha pedido que equiparemos los tantos o que nos venguemos. Jamás.

¿Por que? La respuesta puede hallarse en la segunda parte de la declaración de José: “Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente“ [6]

El perdón aparece con más facilidad con una lente de gran alcance. José utiliza una para poder ver todo el cuadro. Rehúsa enfocar la traición de sus hermanos sin mirar también la lealtad de su Dios.

Siempre es de ayuda ver el cuadro completo.

Perdonar a alguien implica admitir nuestras limitaciones. Solo se nos ha entregado una pieza del rompecabezas de la vida. Únicamente Dios posee la tapa de la caja.

Perdonar a alguien implica poner en práctica la reverencia. Perdonar no es decir que el que te lastimó tenía razón. Perdonar es declarar que Dios es justo y que hará lo que sea correcto.

Después de todo, ¿no tenemos ya suficiente cosas para hacer sin intentar hacer también lo que le corresponde a Dios?

Adivinen que. Acabo de notar algo. El grillo se calló. Me metí tanto en este capítulo que lo olvidé. Hace como una hora que no lanzo un bolígrafo. Supongo que se durmió. Es posible que eso sea lo que intentaba hacer desde un principio, pero yo lo despertaba a cada rato con mis bolígrafos.

Finalmente logró descansar algo. Logré darle fin a este capitulo. Es sorprendente lo que se logra cuando nos desprendemos de nuestro enojo.

[1] Hebreos 10:30
[2] Proverbios 20:22
[3] Génesis 50:16-17
[4] [5] Génesis 50:19
[6] Génesis 50:20

Adaptación de escritos por Max Lucado.

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